Empresa e informática

El futuro del aprendizaje en las empresas gracias a la inteligencia artificial

El debate sobre la inteligencia artificial suele centrarse en modelos, pruebas de rendimiento y nuevas capacidades técnicas. Sin embargo, el verdadero cambio podría producirse en un ámbito totalmente distinto: en la forma en que aprenden las empresas.

Las anteriores oleadas tecnológicas han aumentado la productividad de las personas. La IA va un paso más allá. Por primera vez están surgiendo sistemas que no son solo herramientas, sino que pueden formar, junto con las personas, un proceso de aprendizaje continuo. Esto transforma los fundamentos del trabajo, el conocimiento y la creación de valor.

En el futuro, las empresas se basarán en dos formas de capital. Por un lado, en el capital humano de sus empleados: conocimientos, experiencia, capacidad de juicio, creatividad y relaciones. Por otro lado, en su capital de IA, es decir, las capacidades de los sistemas que aprenden a partir de los datos, los procesos y las experiencias de la empresa.

Estas dos formas de capital no compiten entre sí. Al contrario: cuanto más potente se vuelve la IA, más importante se vuelve la experiencia humana. Las personas establecen objetivos, identifican oportunidades, conectan conocimientos de diferentes ámbitos y toman decisiones en situaciones que no pueden automatizarse por completo.

Por eso, la ventaja competitiva sostenible no consistirá únicamente en utilizar el modelo más potente. Lo decisivo será crear un ciclo de aprendizaje en el que el conocimiento humano y la IA se refuercen mutuamente. Las empresas pueden automatizar tareas. Sin embargo, el aprendizaje de la propia empresa no se puede externalizar.

De ello se deriva un nuevo requisito para la arquitectura digital de las empresas. Los procesos, los conocimientos especializados y la experiencia no solo deben documentarse, sino integrarse en sistemas que mejoren con cada uso. El objetivo no es únicamente la eficiencia, sino el desarrollo continuo del conocimiento organizativo.

Una empresa debe mantener el control sobre este conocimiento. Debe ser posible intercambiar modelos sin perder los conocimientos técnicos acumulados a lo largo de los años. El valor añadido real no reside en el modelo en sí, sino en el sistema de aprendizaje que refleja la experiencia y la capacidad de juicio de la organización.

Con el tiempo, de ello surge una nueva forma de propiedad intelectual. Cada proceso mejorado aporta nuevos conocimientos. Cada conocimiento mejora los sistemas. Y cada mejora acelera la acumulación de más conocimiento. Este efecto se asemeja al interés compuesto: el aprendizaje genera más aprendizaje.

Al mismo tiempo, debemos velar por que las ventajas económicas de la IA se distribuyan ampliamente. Un futuro en el que solo unas pocas plataformas acaparen la mayor parte del valor no sería estable ni desde el punto de vista económico ni social. La innovación surge allí donde muchas empresas pueden desarrollar sus propios puntos fuertes y aplicar sus conocimientos a nuevos productos, servicios y modelos de negocio.

Por lo tanto, la verdadera oportunidad de la IA no reside únicamente en modelos cada vez más potentes. Reside en un ecosistema que permita a las empresas conservar, ampliar y escalar sus conocimientos.

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Sobre el autor
Fundador y director general de Langmeier Software
No quiero complicar nada. No quiero desarrollar el software empresarial definitivo. No quiero figurar en una lista de las mejores tecnologías. Porque las aplicaciones empresariales no son eso. Se trata de asegurarse de que sus datos están perfectamente protegidos. Y se trata de asegurarse de que todo funciona sin problemas mientras usted mantiene el control total y puede centrarse en hacer crecer su negocio. La sencillez y la fiabilidad son mis principios rectores y me inspiran cada día.
 
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